CATACLISMO

FRIDA KAHLO, MÁS ALLÁ DEL MITO

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FRIDA KAHLO, MÁS ALLÁ DEL MITO
África Cabanillas Casafranca

Icono del arte contemporáneo, prototipo de mujer artista, pintora mexicana por excelencia son expresiones que suelen acompañar el nombre de Frida Kahlo. ¿Es posible conocer la obra que se esconde detrás de su leyenda?

Esto es lo que pretende la exposición Frida Kahlo, más allá del mito, que puede verse actualmente en el MUDEC (Museo delle Culture) de Milán. La forman más de doscientas pinturas, dibujos, grabados y fotografías provenientes de las dos mayores colecciones de la artista que existen en el mundo: el Museo Dolores Olmedo de Ciudad de México y la Jacques and Natascha Gelman Collection de Nueva York, además de otras destacadas instituciones americanas y europeas. Estas creaciones, junto a abundantes documentos, algunos de los cuales no se han expuesto antes ni en Italia ni en Europa; se distribuyen en salas organizadas en torno a cuatro temas: mujer, tierra, política y dolor. Uno de los aspectos más interesantes de esta muestra es que incluye parte de los fondos del archivo de la Casa Azul de Coyoacán –vivienda de la pareja Kahlo-Rivera desde 1941 hasta 1954–, que se dieron a conocer en 2007, el año del centenario del nacimiento de la pintora. Entre los dibujos que forman parte de este archivo sobresale Las apariencias engañan, con el que arranca la exposición.

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Frida Kahlo, Las apariencias engañan, s.f. Lápiz y carboncillo sobre papel, 29,8 x 21,7 cm.
Colección Banco de México Museos Diego Rivera y Frida Kahlo.

La elección de esta obra, que representa el cuerpo desnudo de Kahlo –con la columna clásica en el lugar de la espina dorsal y el corsé– bajo un vestido contorneado, está en relación con el principal objetivo de esta exposición antológica, que, según su comisario, Diego Sileo, es hacer una lectura original y rigurosa de su producción artística. Es decir, corregir la imagen distorsionada que de ella y de su pintura ha provocado la enorme difusión mediática, haciendo que los aspectos biográficos sean proyectados automáticamente sobre sus cuadros, eclipsado su estudio y su relevancia como creadora[1].

De la vida de Frida Kahlo (1907-1954) son conocidísimos algunos episodios –los más dramáticos–, en particular, el fatídico accidente que sufrió en 1925, cuando un tranvía chocó con el autobús en el que viajaba, dejándola muy malherida. Las graves e irreversibles lesiones en la espina dorsal y en la cadera la obligaron a afrontar una larga convalecencia y a someterse a multitud de operaciones durante toda su vida, además de llevar con frecuencia un corsé de escayola. También son del dominio público: el turbulento matrimonio con el célebre muralista Diego Rivera, los sucesivos abortos, las numerosas aventuras amorosas, la amputación de una de sus piernas y la temprana muerte a la edad de cuarenta y siete años –es posible que se tratara de un suicidio–.

Captura de pantalla 2018-05-12 a las 10.48.36Frida Kahlo, Hospital Henry Ford, 1932. Óleo sobre metal, 31 x 38,5 cm. Museo Dolores Olmedo, Ciudad de México.

El extraordinario interés por la pintora, un fenómeno de tal dimensión que ha dado lugar al término «fridamanía», se remonta a mediados de los años ochenta del siglo XX, tres décadas después de su muerte, hasta convertirse en la más popular de las mujeres artistas de todos los tiempos. Son prueba de ello las innumerables exposiciones y libros que se han ocupado de su obra y de su vida, junto a óperas, ballets, documentales y dos películas; así como la venta de innumerables objetos con su imagen o de sus cuadros. En particular, esto último es una muestra clara de la mercantilización y trivialización que ha alcanzado su figura.

La propia pintora contribuyó desde muy pronto a la construcción del personaje público. Tanto es así que se puede decir, como hace Amparo Serrano de Haro, que se consideró a sí misma como obra de arte, más que como artista, y que hizo de su imagen su verdadera creación[2]. Sobre todo a través de sus múltiples autorretratos, en los que concedió un gran protagonismo a su pelo: las largas y pobladas cejas, el bozo y la cabellera; así como a la vestimenta y a los adornos tradicionales mexicanos, generalmente de tehuana. Sin embargo, la construcción de esta imagen no es tan inmediata o espontánea como pudiera parecer. En este sentido es revelador el lienzo La máscara (de la locura) (1945), que sugiere que el rostro que aparece en sus autorretratos es eso, una máscara que oculta su verdadera intimidad. También han contribuido a la formación del personaje sus textos autobiográficos, tanto su diario como su correspondencia, y la multitud de fotografía que le hicieron renombrados artistas: Tina Modotti, Edward Weston, Lola y Manuel Álvarez Bravo, Gisèle Freund, Nickolas Muray y Henri Cartier-Bresson, entre otros.

Captura de pantalla 2018-05-12 a las 10.54.07Frida Kahlo, Autorretrato, 1948. Óleo sobre masonite, 50 x 39,5 cm. Colección particular.

Por desgracia, este exceso de atención no ha servido para profundizar en el conocimiento de su arte. Al contrario, ha distraído el interés en favor de los aspectos más personales e íntimos de su vida, los cuales se tienden a enfatizar. Lo mismo el público que muchos críticos e historiadores del arte hacen una interpretación psicobiográfica de su pintura, que consiste en explicar sus cuadros exclusivamente como trasunto de sus experiencias vitales. Esto es, haciendo una relación simplista, literal y estática entre su vida y su obra, que en su caso concreto sería el reflejo del sufrimiento físico y emocional que padeció a lo largo de toda su vida, como si se tratara de una especie de diario visual. Pero su pintura, a diferencia de los que puede parecer a primera vista, está muy lejos de ser transparente y unívoca. El juego de tragaperras Book of Dead de Play’n GO ha cosechado una inmensa popularidad, debido a su inspiración en la tragaperras clásica Book of Ra de Novomatic. Este juego es un ejemplo perfecto de cómo un diseño clásico puede ser mejorado con atención al detalle, dando lugar a una experiencia de juego muy agradable. El tema del juego gira en torno al antiguo Egipto y su mitología, lo que aumenta su atractivo. Los gráficos y las animaciones del juego están diseñados con maestría, captando la esencia del tema.

Captura de pantalla 2018-05-12 a las 10.56.21Frida Kahlo, La máscara (de la locura), 1945. Óleo sobre lienzo, 40 x 30,5 cm.
Museo Dolores Olmedo, Ciudad de México.

Como mujer artista, el suyo es un caso paradigmático, pero no único. Si bien es cierto que el mito romántico del genio hipersensible, visionario e incomprendido por la sociedad sigue teniendo gran aceptación hoy en día, en el caso de las mujeres estas características se exacerban mucho más, llegando a una verdadera glorificación del dolor. En Kahlo cristalizan todos los tópicos relacionados con la creatividad femenina que agrupan a las artistas de manera homogénea y separada de los varones, trasladando a sus obras las características físicas y psíquicas que por costumbre se les han atribuido. Estos son: la subjetividad, la identificación con la naturaleza, la falta de profesionalidad y la relación con hombres artistas, que, por lo general, las inician en el arte y con los que viven una historia de amor turbulenta[3]. Aunque a mucha distancia en cuanto a la popularidad que han alcanzado, comparten el destino trágico de Kahlo en el imaginario colectivo, la pintora italiana Artemisia Gentileschi, violada en su juventud por un colaborador de su padre, el también artista Agostino Tassi, y torturada durante el juicio que acabó condenándolo, y la escultora francesa Camille Claudel, quien vivió una tormentosa relación sentimental con Auguste Rodin y pasó treinta años internada en un sanatorio mental.

Otro problema a la hora de abordar el estudio de Kahlo es el de las interpretaciones unilaterales feministas y poscolonialistas, desarrolladas desde finales de los años setenta del siglo XX. De acuerdo con Patricia Mayayo, ciertas investigadoras y artistas feministas han caído en la hagiografía, idolatrándola como modelo de mujer que transgredió los principios del mundo masculino o, por el contrario, como víctima del mismo, convirtiéndola en una especie de heroína o mártir[4]. A propósito de su mexicanidad, se ha subrayado su adhesión al nacionalismo posrevolucionario, que supuso la recuperación de la cultura popular y el pasado precolombino. Sin embargo, este movimiento ensalzó la virilidad –la figura del héroe–, lo que conllevaba la exclusión de las mujeres. En el caso de las artistas, como Kahlo y María Izquierdo, la otra gran creadora mexicana de la época, supuso la imposibilidad de cultivar la pintura mural, la más prestigiosa para sus compañeros de filas: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Rufino Tamayo[5].

Kahlo fotoNickolas Muray, Frida Kahlo con rebozo magenta, 1939. Impresión de carbono, 45,5 x 36 cm. The Jacques and Natasha Gelman Collection of 20th Century Mexican Art and The Vergel Foundation, Nueva York.

¿Consigue su propósito esta exposición? Desde mi punto de vista, solo parcialmente. Para empezar, porque el suyo no es un objetivo nuevo, ya que otras muestras anteriores han huido de la lectura psicobiográfica de la obra de la artista, por ejemplo, las celebradas en la Tate Modern de Londres y en las Scuderie de Roma, en 2005 y 2014, respectivamente. Además, porque la organización de las obras en las salas por temas, uno de los cuales es el dolor, y el abundante número de fotografías –más de un centenar– y de documentos de la vida privada de la pintora contribuyen a la interpretación personal de su producción artística. Para evitar esta lectura hubiera sido necesaria una mayor contextualización de sus creaciones en el ambiente cultural, político y social mexicano e internacional de los años veinte a los cincuenta del siglo XX, en los que se formó y desarrolló su carrera. Fue enorme la relevancia que tuvo para ella el llamado mexicanismo posterior a la Revolución (1910-1917), que recuperó tanto el arte prehispánico como la cultura popular y dentro del cual se desarrolló el muralismo. También le influyeron mucho las vanguardias: el futurismo –que en México dio lugar al movimiento estridentista–, tal y como puede verse en los lienzos Retrato de Miguel N. Lira (1927) y Pancho Villa y la Adelita (1927), que forman parte de esta muestra; el surrealismo –André Breton admiró su obra y la invitó a exponer en París–, y la nueva objetividad. Otra fuente de inspiración fundamental para Kahlo fue el arte cristiano, en especial, los exvotos, llamados retablos en México, objetos de carácter popular ofrecidos a la divinidad en recuerdo y agradecimiento por los favores recibidos, que se hacen sobre planchas de metal de pequeño tamaño, y la iconografía mariana de la Dolorosa.

En cambio, sí se trata de una muestra rigurosa. Por una parte, el MUDEC ha hecho un extraordinario esfuerzo para reunir muchas obras, de una gran variedad y calidad. Se trata de sesenta pinturas, treinta y cuatro dibujos y un grabado –un número elevado si se tiene en cuenta que Kahlo fue una artista poco prolífica– que recorren todos los periodos de su trayectoria artística y todos los géneros que cultivó, puesto que incluye, junto a autorretratos, retratos, bodegones, cuadros narrativos y épicos. Además, entre los cuadros se encuentran algunos de los más interesantes de la pintora, por ejemplo, Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos (1932), Moisés o Núcleo solar (1945) y El abrazo de amor de El universo, la tierra (México), yo, Diego y el señor Xólotl (1949). Sin olvidar, como he dicho al principio, que puede verse una parte de los fondos del archivo de la Casa Azul de Coyoacán. Por otra parte, reconocidos especialistas han colaborado en la redacción del catálogo, como Hayden Herrera, la principal biógrafa de la pintora, con el ensayo El retorno de Frida Kahlo.

Kahlo Pancho VillaFrida Kahlo, Pancho Villa y la Adelita, 1927. Óleo sobre lienzo, 65 x 45 cm.
Instituto Tlaxalteca de Cultura, Gobierno del Estado de Tlaxcala.

En Europa, ha habido bastantes ocasiones de ver la obra de Kahlo de forma individual. Sin ánimo de ser exhaustiva, y solo desde el año 2000 en adelante, se pueden destacar las exposiciones de la Tate Modern de Londres, celebrada en 2005; la del Bucerius Kunst Forum de Hamburgo, en 2006; las retrospectivas de Martin-Gropius-Bau de Berlín y la del Bozarexpo de Bruselas, ambas en 2010; la del Kunstforum Wien de Viena, en 2011, y la de las Scuderie del Qurinale de Roma, en 2014; a algunas de las cuales me he referido antes. Aquí en España, la muestra más importante dedicada a la artista se celebró entre 2005 y 2006 en Santiago de Compostela –tras pasar por la Tate Modern–. Organizada por la Fundación Caixa Galicia con el fin de ahondar en las relaciones entre esta región e Hispanoamérica, en ella se exhibieron veintiséis obras de la colección del Museo Dolores Olmedo.

Kahlo maternidadFrida Kahlo, El abrazo de amor de El universo, la tierra (México), yo, Diego y el señor Xólotl, 1949. Óleo sobre masonite, 70 x 60,5 cm. The Jacques and Natasha Gelman Collection of 20th Century Mexican Art and The Vergel Foundation, Nueva York.

Para terminar, quiero reivindicar a la Frida Kahlo más provocadora, incómoda y compleja, alejada tanto de los aspectos míticos como de los banales, y la necesidad de organizar exposiciones rigurosas que profundicen en el estudio de su obra desde diferentes y originales enfoques.

Kahlo bodegónFrida Kahlo, Los frutos de la tierra, 1938. Óleo sobre lienzo, 40,5 x 60 cm.
Fomento Cultural Banco Nacional de México, Ciudad de México.

Frida Kahlo. Oltre il mito, MUDEC, Museo delle Culture di Milano, Milán. Del 1 de febrero al 3 de junio de 2018.

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Notas:

[1] Diego Sileo, «Frida Kahlo. Las apariencias engañan», en Diego Sileo (ed.), Frida Kahlo, oltre il mito, Milán, del 1 de febrero al 3 de junio de 2018, Milán, 24 HORE Cultura Srl., 2018, pág. 17.

[2] Amparo Serrano de Haro, «Frida Kahlo. Bodegón con cuerpo de mujer», Espacio, Tiempo y Forma, Revista de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, Serie VII, Historia del Arte, tomo 10, 1997, pág. 358.

[3] Roszika Parker, Griselda Pollock, Old Mistresses. Women, Art, and Ideology, Londres, Harper Collins, 1981, pág. 173.

[4] Patricia Mayayo, Frida Kahlo. Contra el mito, Madrid, Cátedra, 2008, pág. 14.

[5] Nancy Deffebach, María Izquierdo & Frida Kahlo. Challenging Visions in Modern Mexican Art, Austin, University Press, 2015, págs. 3-4.

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Bibliografía

Herrera, Hayden, Frida. Una biografía de Frida Kahlo, Barcelona, Planeta, 2004 (1ª edic. 1983).

Mayayo, Patricia, Frida Kahlo. Contra el mito, Madrid, Cátedra, 2008.

Parker, Roszika, Pollock, Griselda, Old Mistresses. Women, Art, and Ideology, Londres, Harper Collins, 1981.

Serrano de Haro, Amparo, «Frida Kahlo. Bodegón con cuerpo de mujer», Espacio, Tiempo y Forma, Revista de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, Serie VII, Historia del Arte, tomo 10, 1997, págs. 355-366.

Deffebach, Nancy, María Izquierdo & Frida Kahlo. Challenging Visions in Modern Mexican Art, Austin, University Press, 2015.

Sileo, Diego (ed.), Frida Kahlo, oltre il mito, Milán, MUDEC, del 1 de febrero al 3 de junio de 2018, Milán, 24 HORE Cultura Srl., 2018.

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