CATACLISMO

LOTTY ROSENFELD, LA CRUZ Y EL ESTIGMA

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Lotty Rosenfeld, Una milla de cruces sobre el pavimento, Casablanca, Washington, 1982

Regina Pérez Castillo

El extremo respeto a la personalidad humana, al reconocimiento total y completo de la individualidad. Ya en 1849, la Desobediencia Civil preocupaba a Henry David Thoreau, quien situado en el campo del liberalismo radical, defendía con pasión el individualismo racional y negaba por completo la existencia de un poder capaz de someter al mismo. Las razones que llevaron a Thoreau a escribir este ensayo de carácter sumamente crítico y corrosivo, residían en la inexplicable ausencia de una ética social norteamericana que fundamentase sus raíces en el respeto absoluto hacia la dignidad humana. Desde aquí, plantea el derecho a la revolución, una revolución pacífica que caminase pareja a un discurso subversivo y desafiante.

El desacato civil es intrínseco a la propia organización ciudadana y a la aparición de las primeras minorías, sin embargo, será el siglo XIX el punto de partida de un aparato teórico-reflexivo serio que posteriormente analizará con detenimiento las dictaduras contemporáneas. Este es el marco en el que se sitúa la propuesta de la artista chilena Lotty Rosenfeld, cuya obra es grito rebelde e insumiso.

El trabajo de Rosenfeld, ligado en sus inicios al grabado, tomó posteriormente, bajo la dictadura de Pinochet, el rumbo del registro en vídeo y fotografía de sus producciones, consistentes principalmente en intervenciones del espacio público, por medio de elementos que cuestionan simbólicamente el estatuto político y la rigidez institucional. En 1979, Lotty Roselfeld conforma, junto a otros cuatro compañeros, el Colectivo Acciones de Arte (CADA) en Santiago de Chile. A finales de la década de los setenta y durante los ochenta, irrumpen en la periferia conceptual y formal de la Escena Avanzada, llevando a cabo una serie de intervenciones artísticas que denuncian abiertamente los crímenes del régimen dictatorial chileno. Alzaron la voz en nombre de los silenciados cuando muy pocos se atrevían a hacerlo, menos aún en el medio público, lo que le valió a la chilena alguna que otra estancia carcelaria. La aportación personal de Lotty al colectivo podría definirse a través de las palabras de su compañera Diamela Eltit: “Si el sistema dice que algo no se puede, Lotty Rosenfeld dice que sí”.

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Sevilla) presenta “Por una poética de la rebeldía”, la primera retrospectiva en Europa dedicada al trabajo de Rosenfeld. Compuesta por unas sesenta y cinco obras, donde la fotografía y la vídeo- instalación asumen el protagonismo absoluto, Rosenfeld lanza lo que fue y aún hoy es, una propuesta basada en la transgresión y la alteración del orden establecido. Las líneas continuas de la carretera, señales que delimitan el camino al transitar en vehículo, son alteradas y transformadas por la artista, quien haciendo uso de pintura blanca y cinta adhesiva cruza transversalmente la misma y la convierte en una cruz. Una milla de cruces sobre el pavimento es el título de su primera intervención en Santiago de Chile (1979), una acción efímera que repetirá frente a otros hitos del poder: la Casa Blanca en Washington, Wall Street o la Plaza de la Revolución en la Habana. Los espacios elegidos por Lotty, cargados siempre de una fuerte tensión donde convergen intereses políticos, sociales e históricos, acaban marcados y violentados por la cruz, un estigma que indica el trastorno funcional y la consciencia que el pueblo tiene de dicha desvirtuación. Además de signo ignominioso, es también una reacción contestataria, pues reclama lo que debiera ser y no es base de la actividad político-social: sentido común y sentido moral, o como el propio Thoreau enunciaba: “cuestiones de conciencia y no deseos de poder y lucro”.

También la capital andaluza ha participado de esta acción que se desarrolló frente a la Torre del Oro, emblema andaluz y punto de partida histórico para los barcos que “hacían las Américas”, y en la avenida de los Descubrimientos frente al mismo CAAC. La cruz de Rosenfeld llega paradójicamente a nuestra ciudad en un momento decrépito en que la insurrección social no podría ser más necesaria.

Pionera de la video-instalación en Latinoamérica, en sus proyecciones cuida por igual mensaje y modo de exhibición. Haciendo uso de vídeos que se mueven por las paredes y los techos de la sala, consigue generar una atmósfera de agobio estrechamente vinculada a su discurso. Su crítica interpela al ciudadano de a pie, quien padece a diario las consecuencias de decisiones tomadas por “entes supremos”. Moción de orden (2002), una de las proyecciones más complejas e interesantes a nivel conceptual, muestra una hilera de hormigas que interrumpidas por un dedo, recomponen su camino y su orden habitual. ¿Es la crítica a un pueblo que abanderado por la indiferencia sigue adelante a pesar de todo, o un elogio a la capacidad de reconstrucción y adaptación del mismo?

La obra de Lotty Rosenfeld nos obliga a abandonar un estado de bienestar, ya que pone ante nuestros ojos esa capacidad de indignación y revuelta propia del individuo al que han arrebato su libertad.

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Lotty Rosenfeld. Por una poética de la rebeldía, Centro Andaluz de arte Contemporáneo, CAAC, Sevilla. Del 8 de marzo al 21 de julio de 2013.

 

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