CATACLISMO

ALEJANDRA RIERA SE JUEGA LOS RESTOS

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ALEJANDRA RIERA SE JUEGA LOS RESTOS
Carlos Jiménez

Si hubiera que escribir un nuevo capítulo de la arqueología de la mirada, centrada inicialmente por Michel Foucault en la mirada clínica, habría que incluir en la sección dedicada a los artistas que cultivan esta insólita clase de arqueología a Alejandra Riera. Capítulo o por lo menos sección inspirada por Jacques Lacan y más específicamente por Gérard Wajcman, quién en su libro El objeto del siglo reflexiona largamente sobre la ruina y los vestigios, temas obligados de cualquier arqueología que merezca el nombre. Alejandra Riera (Buenos Aires, 1965) se hace igualmente cargo de ambos en Poética(s) de lo inacabado –su refinada intervención en los sótanos del Edificio Sabatini del Museo Reina Sofía de Madrid–, pero lo hace desde la perspectiva abierta por Wajcman, como lo sugieren dos elementos cruciales de la misma. El primero, el artefacto imaginado por Alexandre Chanoine, que junta una piedra de amolar y otra de río con el propósito de que cuando la primera gire sobre la segunda, empapada por el agua contenida en el depósito metálico en el que está sumergida, genere ininterrumpidamente un haz de salpicaduras que descompondría la luz que baja desde el agujero perforado en la rotunda bóveda de ladrillo que cubre la sala. A mí este artefacto me parece una cita enmascarada o una evocación de la Rueda de bicicleta de Marcel Duchamp, que es uno de los dos únicos objetos artísticos del siglo XX de los que se ocupa Wajcman en su libro. El otro es el Cuadrado negro sobre blanco de Kasimir Malevich, del cual la intervención de Riera en su conjunto creo igualmente que es una cita subrepticia. Al fin y al cabo las cámaras del sótano del Museo Reina Sofía permanecen habitualmente en la negrura de una oscuridad que la artista argentina ha interrumpido mediante un agujero que atraviesa la bóveda y la conecta con el suelo de la sala del personal del museo situada en la planta baja del Sabatini.

Luz insuficiente que no disipa sin embargo la oscuridad, sino que apenas la atenúa hasta dejarla en penumbra y cuyo ingreso en el sótano está permitida por otro artilugio que es, en sí mismo, un comentario irónico de la pretensión ilustrada de disipar las tinieblas de la ignorancia con la luz de la razón. Pero como la luz del exterior no podía llegar directamente al sótano, Riera utilizó, como la pantalla que la refleja y redirige hacia abajo, la brillante portada del libro Contra el cine, publicación dirigida por Asger Jorn, que cumple, además, el papel de traer a cuento la obra de Maya Deren –la artista que introdujo en los años 40 el cine experimental en la escena americana– y cuyo libro, Un anagrama de ideas sobre el arte, la forma y el cine, ocupa un lugar central en el dispositivo de esta compleja intervención. Como se sabe, ella estuvo siempre en contra del cine o, más precisamente, de cómo Hollywood bloqueaba y sigue bloqueando las posibilidades artísticas del cine.

Pero la relación de Riera con Wajcman no se agota en estas citas subrepticias. Riera defiende de hecho en esta oportunidad la poética de lo inacabado echando mano del concepto de «resto» elaborado por el psicoanalista belga. Resto que, al igual que las imágenes y los documentos que forman parte de esta instalación, se niegan a incorporarse, como sí lo hacen las ruinas y los monumentos, a las cadenas de significación que  asignan sentido. El inacabamiento, en el sentido radical defendido por Riera, solo puede exponerse mediante restos, tal y como ella lo hace inteligentemente en esta formidable intervención.

 

Alejandra Riera, Poética(s) de lo inacabado, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Del 25 de septiembre de 2013 al 5 de enero de 2014.

 

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