LA RESURRECCIÓN DE CAROL RAMA
Mª Ángeles Cabré
Tacita Dean, Adrian Piper, Jo Spence, Nancy Spero, Rita McBride, Àngels Ribé y Eulàlia Grau. Son las mujeres artistas que han “merecido” hasta la fecha una gran exposición individual en el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona), inaugurado hace ya casi veinte años. No son muchas, lo admito, más bien son muy pocas. Sabido es que nuestros grandes museos y centros culturales no destacan precisamente por la costumbre de dar voz a las mujeres, aunque curiosamente tengan la certeza de que son más mujeres que hombres quienes visitan sus espacios y consumen sus actividades. Nos alegra pues que esa escueta estela crezca ahora con la italiana Carol Rama (Turín, 1918), hoy casi centenaria.
Si la evolución artística del siglo XX no se entiende sin algunos de sus creadores clave, el arte moderno hecho por mujeres no se entiende sin algunas de sus pioneras: de Frida Kahlo a Louise Bourgeois. Carol Rama es una de esas pioneras modernas que justifican el trabajo de algunas de las que vinieron después (la información adjunta a esta muestra cita a Cindy Sherman, Kara Walker, Sue Williams, Kiki Smith y Elly Strik, aunque hay muchas otras). Lo justifican no porque estas bebieran de su obra directamente (cosa que no se da cuando hablamos de artistas no valoradas durante su trayectoria), sino porque a la hora de establecer una genealogía nos ayudan a llenar los huecos.
¿Quién es pues esa Carol Rama de la que creemos advertir trazas en obras posteriores? ¿Una artista olvidada y ahora recuperada? No exactamente, pues a decir de uno de los entrevistados del vídeo que acompaña la exposición, y que conoce bien su historia, el olvido que se ha cernido hasta años recientes sobre su figura y su obra más que olvido ha sido apartamiento, o lo que es lo mismo, ninguneo. Rama ha sido una artista que incomodó y como tal fue hábilmente apartada. En su caso, la sociedad turinesa bienpensante no estaba preparada para la fuerza de su imaginario pictórico y mucho menos para sus eróticas explosiones. Pues aunque en esa ciudad anidaran en años culturalmente significativos de un Calvino a un Vittorini, de un Pavese a un Sanguineti (con quien mantuvo una enorme complicidad intelectual), Carol Rama resultó excesiva. Lo que no quita que ellos y muchos más sí la visitaran. “Quien no es culto no es libre”, dice la artista, y ella si fue excesiva lo fue en su exceso de libertad. De hecho la imaginamos, a pesar de su avanzada edad, siéndolo aún.
Artista lenguaraz en todos los sentidos, empezando por sus figuras lenguaraces (que sacan la lengua del descaro y del inconformismo), Rama viene a ser una versión femenina del poeta maldito, sobre todo en su tenaz tarea de mostrar una feminidad distinta a la oficial. De ahí que se diga que Rama ha pensado más allá del pensamiento femenino, ultrapasando incluso los límites de las corrientes feministas que entienden el cuerpo como discurso de resistencia. Irrumpió en los 40 con lascivos cuerpos desnudos (de reminiscencias picassianas), acuarelas de una clara influencia vienesa que evocan las figuras de Egon Schiele, también todas piel rosada y desnudez dolorosa, pero a ratos de factura fauvista; obscenos sexos abiertos de los que salen serpientes, cuerpos deseantes y a veces enfermos que no son ni más ni menos que apuestas políticas, de rechazo claro a los roles de género, para llegar a una valiente abstracción orgánica y regresar de nuevo a la figuración expresionista y, en el ínterin, en los 60-70, revelarse como informalista de factura impecable, mediante la exploración de nuevas técnicas en piezas de gran fuerza que nos remiten a sus contemporáneos masculinos de aquellos años, quienes también jugaban a introducir en las telas elementos ajenos. Son sus llamados bricolajes. Es el caso de “Le siringhe” (1967), donde se sirve de jeringas hipodérmicas, o “Presagi di Birnam” (1970), donde utiliza cámaras de bicicletas. Un claro homenaje a los recuerdos de infancia, pues su padre tuvo precisamente una fábrica de bicicletas. ¿Y las balas? ¿Y los ojos de taxidermista que emplea recurrentemente en sus composiciones? ¿De dónde vienen y, sobre todo, hacia dónde van?
Carol Rama y Andy Warhol, 1975
Carol Rama expuso en 2003 en la 50ª edición de la Bienal de Venecia y se subió a la góndola que la llevaba a contemplar su obra ya temblorosa pero sonriente, con su trenza rubia atada a la frente, como una valquiria anciana. Recibió el León de Oro a toda su carrera. Ese día dejó de ser una artista ninguneada. En las paredes de su casa-estudio turinesa, en cuyo epicentro reinaba una cama barco, fotografías en las que aparece con artistas como el mismísimo Andy Warhol. Ahora su valiente, coherente y tenaz trayectoria aterriza en Barcelona (en primavera se verá en París) comisariada por Beatriz Preciado y Teresa Grandas. Cartografías del deseo disidente, o lo que es lo mismo, desobediencia.
La pasión según Carol Rama. MACBA, Barcelona, del 31 de octubre de 2014 al 22 de febrero de 2015; Musée d’Art Moderne de la Ville de París, del 3 de abril al 12 de julio de 2015; Espoo Museum of Modern Art, Espoo, Finlandia, del 14 de octubre de 2015 al 10 de enero de 2016; Irish Museum of Modern Art, Dublín, de abril a julio de 2016; GAM – Galleria Civica d’Arte Moderna e Contemporanea, Turín, Italia, del 12 de octubre de 2016 al 5 de febrero de 2017.