Venecia invoca la figura y el mito de Luisa Casati, coleccionista y musa de destacados artistas de su tiempo: de Boldini a Bakst, de Marinetti a Balla, de Man Ray a Alberto Martini, de Van Dongen a Romaine Brooks.
La apodada en vida «divina marquesa», en un guiño a Sade, fue la propietaria anterior del Palazzo después adquirido por Peggy Guggenheim. Ahora se le rinde homenaje en el Palazzo Fortuny, que también frecuentaba.
Ideada por Daniela Ferretti, y comisariada por Fabio Benzi y Gioia Mori, esta muestra caleidoscopica cuenta con más de un centenar de pinturas, esculturas, joyas, trajes y fotografías. Pintores, escultores y fotógrafos que la immortalizaron: Alberto Martini, Augustus Edwin John, Giacomo Balla, Umberto Boccioni, Kees Van Dongen, el barón Adolph de Meyer, Cecil Beaton, Romaine Brooks, Ignacio Zuloaga, Jacob Epstein o Man Ray.
La Casati no fue solo bizarra y excesiva, espectacular y transformista, megalómana y narcisista: esta exposición la restituye en una dimensión artística, entrelazando su actividad de coleccionista y musa de surrealistas, fauves, dadaístas y futuristas, junto a sus acciones y máscaras en una interpretación performativa y precursora del body art.
En pocos años transformó su rostro en un icono, con sus pupilas dilatadas y brillantes por la belladona, los labios rubí y el cabello pelirrojo. Dilapidó su inmensa fortuna en sus travestismos y en fiestas espectaculares, que ella ideaba y de las que fue su principal intérprete, convertidas en obras de arte. Murió en Londres en 1957, casi en la indigencia.
La Divina Marchesa. Arte e vita di Luisa Casati dalla Belle Époque agli Anni folli, Palazzo Fortuny, Venecia. Del 4 de octubre de 2014 al 8 de marzo 2015.