CATACLISMO

CARDIFF & BURES MILLER: EL HACEDOR DE MARIONETAS

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CARDIFF & BURES MILLER: EL HACEDOR DE MARIONETAS
Carlos Jiménez

La mujer está tendida cuan largo es en un camastro, cubierta apenas con un liviano camisón, tan cerca que pueden verse hasta los vellos y los poros de una piel ligeramente rosácea. Pero aunque parezca dormir no duerme, porque no es una mujer de carne y hueso, sino una réplica hecha con la misma impactante exactitud con la que Duane Hanson o Ron Mueck duplican a los seres humanos. El modelo es muy probablemente la propia Janeth Cardiff, la artista canadiense que –junto con su compatriota George Bures Miller– es la autora de El hacedor de marionetas, una impresionante instalación situada en el Palacio de Cristal de Madrid. Podría llamarse también La casa encantada, porque la escultura femenina vertiginosamente hiperrealista yace junto a una de las ventanas de una autocaravana vieja y desvencijada, y porque el sueño eterno de esa mujer que no lo es está asediado por una multitud de marionetas que cuelgan del techo. Resultan inquietantes por su brusca factura manual y sobre todo por el gran número, que agrava la saturación de un espacio como el del interior de la autocaravana ya suficientemente saturado por todo tipo de muebles, cacharros, fotos, postales, y montones de libros y revistas. Las marionetas y su escenario tienen algo de pesadilla, o por lo menos la ambigüedad de los sueños, que contienen tanto una revelación como una amenaza. O la amenaza de una revelación.

Pero el desasosiego tal vez solo sea nuestro. Al fin y al cabo la mujer duerme apaciblemente, sin que ninguna arruga, ningún rictus, altere la serenidad inalterable de su rostro. Si sueña, su sueño tendría que ser uno habitado por elfos, hadas y gnomos o por Pinochos ingenuos y benevolentes, como lo sugiere el hecho de que en otro extremo de la autocaravana veamos a un hombrecito esforzándose sobre una mesa de trabajo en imaginar y diseñar las marionetas que van invadiendo el interior de la casa rodante. Él debe ser “el hacedor de marionetas”, evocado en el título de esta instalación. Su logro más melodioso es el pianista y la rotunda soprano que interpretan una pieza de bel canto en un teatrillo situado en una de las fachadas de la autocaravana, ante el que se sientan en tres sillas de sala de cine los espectadores. Esta música se intercala con las voces y los ruidos de vida hogareña que emiten dos altavoces, tan imponentes como anticuados, que se alzan sobre el techo del autocaravana.

Cierto, toda obra de arte tiene un sentido en la imaginación e intenciones de su autor y los que le sobrevienen, tanto por las interpretaciones de los espectadores como por el contexto en el que es exhibida. El hacedor de marionetas no escapa a esta cadena de mutaciones. Esa casa móvil, precaria, anticuada, pobre en definitiva, es también una casa encantada en la que una bella durmiente disfruta de un sueño sin sobresaltos. Una casa encantada que tiene la capacidad de funcionar como una alegoría de las hermosas ilusiones de quienes creyeron tener una casa hasta que un día descubrieron que la casa no era suya, sino del banco. Un horrible despertar, que los arrojaba a la precariedad y el nomadismo. Sin bel canto.

Cardiff & Bures Miller, El hacedor de marionetas, Palacio de Cristal, MNCARS, Madrid. Del 19 de noviembre de 2014 al 16 de marzo de 2015.

 

 

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