Alberto Díaz Gutiérrez, conocido como Korda (La Habana, 1928 – París, 2001), es el fotógrafo que inmortalizó al Che en su mítico retrato, tomado el 5 de marzo de 1960. Pero como muestra esta exposición, hubo un antes de su etapa revolucionaria. En 1954, Alberto y su socio Luis Pierce habían abierto su primer estudio en la calle de O’Reilly, en La Habana Vieja. Los dos socios pensaron que Korda sonaba a Kodak y que sería un nombre fácil de recordar. Realizaba campañas publicitarias para marcas de prestigio como el ron Bacardí. También hacía portadas de revistas y de discos de cantantes, y publicaba reportajes de moda en la prensa más chic y en el suplemento La Mujer, que dirigía Madame Rié en el Diario de la Marina. Korda quería ser el Richard Avedon cubano.
Korda había aprendido de forma autodidacta, al principio con su novia Yolanda, tomando prestada la Kodak 35 de su padre, y más adelante con su primera mujer, Julia López, que fue su primera modelo. En 1957, llegó Natalia Méndez, Norka, la modelo más importante de su carrera y con la que también se casó y tuvo dos hijos. Hasta después del triunfo de la revolución, Korda publicó semanalmente en la revista Carteles fotorreportajes de jóvenes que acudían a su estudio atraídas por su fama. Los textos los escribía su amigo Guillermo Cabrera Infante, que firmaba bajo el seudónimo de G. Caín. Todas eran altas, delgadas y de tez blanca.
En esta exposición se muestran 60 fotos en blanco y negro de mujeres, casi todas tomadas entre 1952 y 1960. Una decena nunca se habían expuesto. Es un acierto curatorial haber prolongado la fase esteticista y comercial con las imágenes de las revolucionarias cubanas, jóvenes milicianas y campesinas. La exposición se cierra con su última sesión con modelos, en diciembre de 2000 en la estación de tren de São Paulo.
Korda, retrato femenino, Museo Cerralbo, Madrid. Del 2 de junio al 6 de septiembre de 2015.
Comisaria: Ana Berruguete.