CATACLISMO

ELENA GOÑI, EL BODEGÓN DEL PASADO Y DEL PRESENTE

ELENA GOÑI, EL BODEGÓN DEL PASADO Y DEL PRESENTE

Asun Requena Zaratiegui

Si hace unos meses encontrábamos el espacio Marzana de Bilbao imbuido de un gabinete pictórico de principios del siglo pasado con la retrospectiva póstuma de Elena Goicoechea, en este momento, cuelgan de sus paredes la obra de la artista Elena Goñi, artista navarra e hija de Goicoechea. El espacio es tan importante en su obra que cobra la misma importancia el vacío que el objeto. En la museografía, lo mismo, tan importante es el espacio vacío expositivo que rodea sus pinturas. A esta característica que ilumina las obras se une la no alineación clásica de las pinturas a cierta altura, creando un recorrido no lineal que pausa en la dimensión de la obra pensada para crear más intimidad. En unas, Goñi se abre, dotando a los objetos de una mayor extensión en el plano; en otras, se hace chiquitita como sus formas y nos invita a ocupar ese mínimo espacio del que cuesta salir.

Para esta exposición ha elegido objetos de su pasado que conservaba en fotografías. Muchos de ellos no los conserva, pero en ellos está la vida vivida y los recuerdos. Puede ser la añoranza de tiempos pasados, una forma de pasar el duelo y seguir sin que nadie lo sepa, una manera de querer para el tiempo.

En la simplicidad de sus formas en el dibujo y el color, encontramos a una artista ilustrada, con reminiscencia de su profesora y artista Isabel Baquedano (en el tema de las lámparas, paisajes y la mesa con plato), y el premio Príncipe de Viana, primo de Baquedano, Juan José Akerreta. Los tres han bebido de las fuentes del Renacimiento y eso es notable en la obra de los tres artistas.

Elena Goñi pinta con gouache y óleo. Utiliza luces especiales para trabajar. La última vez que estuvimos juntas estaba pintando sobre papel, haciendo pruebas y montando el papel en bastidores.

Es la pintora institucional de Navarra, aunque ella rehúya la pregunta y lo deje en lo anecdótico. Ha realizado retratos de presidentas y de los Reyes, Juan Carlos y Letizia. Antes, ya era una artista de proyección internacional y becada por varias instituciones. De los retratos humanos durante casi una década ha pasado a los retratos escondidos dentro de objetos, que cuentan historias de personas. Entre los retratos anteriores destacan el de su madre enferma de Alzheimer, y el papel de las cuidadoras, el papel de las mujeres y entre ellas, las artistas. Quizás esta exposición sea el reflejo del antes y el después de una experiencia fundante.

Las pinturas de Elena Goñi son muy diferentes in situ. La pincelada desaparece en la superficie mantecosa que construye de perfección y oficio. El color toma otra dimensión. Colores creados saturados, propios de la pintura mural del Renacimiento y de Giotto, y las formas robadas de antiguas fotografías, que seguramente no posean la espiritualidad de las atmosferas de Elena Goñi.

En resumen, esta exposición, es a mi modo de ver, una excusa en la que los objetos sirven como cortina de humo para mostrar sus recuerdos familiares desde lo Divino.

“Hay objetos que me rodean en el estudio donde trabajo en la actualidad, pero también hay otros que forman parte de mi pasado; ya no existen en mi vida salvo como fotografías. Ahora las intervengo a través de la pintura, como si tratase de intervenir también en mi pasado y desprender parte del lastre de una determinada forma de ver el mundo, o de hacer mío un objeto que ya no lo es. Un intento de atrapar su ausencia y darle un nuevo sentido”.

Elena Goñi 2022, Espacio Marzana, Bilbao. Del 16 de septiembre al 4 de noviembre 2022.

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